DYLAN

Existen varias o muchas razones que hacen a Bob Dylan tan extrañamente especial, pero la más importante es esa mezcla poco frecuente que conforma toda su genialidad: algún milagro intrauterino que solo les sucede a los genios hizo que este hombre naciera no solo para convertirse en una estrella mundial sino también en una referencia clave en la cultura general del rock.

A pesar de ello, Robert Zimmerman (su verdadero nombre), parece provocar un reflejo condicionado en  quien lo oye, dado que su sonido ecléctico (suma rock, folk, country y blues) más su voz poco convencional y hasta algo nasal te advierten escoger entre dos opciones absolutas que son el que lo odies desde el principio o el que te encante de lleno  ( o en mi caso: que te toque en un momento preciso de tu adolescencia y te aferres a él para siempre en un profundo enamoramiento).

Pero lo que lo capacita para ser denominado ‘genio’ no es el haber retado al folk purista para fusionarlo con una guitarra eléctrica en un momento de la historia que ni los abucheos ni las envidias pudieron frenar, ni tampoco es un genio por el hecho de tener en su lista de fans a Jimi Hendrix, Eric Clapton y a los mismísimos Beatles. Cuando Bob Dylan llamó la atención por primera vez -en una época de guerra y discriminación- fue por su irrefutable talento para componer canciones, esas mismas que tienen aliento de protesta social o son capaces de transportarte a la cama de un moribundo, a un mundo caleidoscópico y libre, a los brazos de una mujer que es una niña por dentro o a alguna escena de película western, y todo con una poética que se mantiene limpia de principio a fin.

No por nada ha alcanzado a tener tantos premios y reconocimientos como discos imprescindibles bajo el brazo, entre los que se encuentran un Oscar, un Pulitzer, un Príncipe de Asturias,  11 grammys, y ocho nominaciones consecutivas al premio Nobel de Literatura (sí, literatura).

Probablemente su perfil bajo y el anti-cliché de consumirse en un exhibicionismo típico de estrella de rock (incluso rechazó la oferta de tocar en Woodstock) hayan logrado que su mítica y fama de leyenda andante persistan, mientras una negación inconsciente (o tal vez consciente) evitó convertirlo en un miembro más del panteón de los que nunca llegaron a los 30 y morir demasiado pronto con alguna sobredosis mañanera. El destino de Bob era otro: evolucionar y crecer con un público que se renueva en cada generación (ya han pasado cinco desde sus inicios), ser el genio veterano que es ahora a sus recién cumplidos 70 años y mantenerse siempre al margen  en su ya patentado juego de aparecer y desaparecer pero inspirando una especie de omnipresencia en tu vida toda vez que escuchas alguno de sus discos.

Aún sabiendo todo esto, puede que Bob Dylan no te guste y, lo mejor de todo es que su calma y arrogancia traducen una indiferencia exquisita en sus ojos azules y parecería que el hecho de tener tantos fans como enemigos le importara un bledo. Por eso, puede que no te guste y estará bien porque sin quererlo ni pensarlo le aportas una armonía y un equilibrio a su cosmos, en el que se remite a contraer matrimonio con su guitarra, su armónica y esas letras que ni el tiempo ni la muerte podrán convertir en olvido.

Ana Bazo.

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4 respuestas a DYLAN

  1. Buenaaaaa mi estimado “Reidiojed” ! xD

  2. dani dijo:

    genial! este blog es lo que estaba buscando

  3. as_23mus dijo:

    muy poko post para el tan celebre dylan… hasta calamaro de argentina copia su look.. es increible.. obvio porke es su fan nº1…

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